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Medidas para evitar que te enfermes de COVID-19

por en COVID-19 25 de agosto de 2020

Dr. Edward Peralta Rodríguez

Una cosa es tomar medidas para evitar la infección y otra es tomar medida para evitar que te de la enfermedad o COVID-19.

Las medidas para evitar el contagio o infección ya son bien conocidas y abrumadoramente difundida por los medios de comunicación y las instituciones del estado, como lavarse las manos, usar mascarilla, respetar el distanciamiento social, etc.

Se sabe que por cada 100 infectados, aproximadamente 80 son asintomáticos es decir no hacen la enfermedad. Y de los 20 que hacen la enfermedad es decir COVID-19, la mayoría hace cuadros leves a moderado y solo unos 5 hacen un cuadro severo a crítico con el alto riesgo de fallecer.

¿Qué hacer para estar en el grupo de los Asintomáticos? Es decir, infectados, pero no enfermos. O por lo menos si nos llegamos a enfermar, hacer un cuadro leve a moderado sin riesgo de fallecer.

Aquí les presento las 6 medidas mejor estudiadas y con suficientes datos médicos y de investigación que podrían evitar que tu hicieras COVID-19.

Cualquiera puede infectarse, pero no cualquiera hace la enfermedad.

Es importante tomar en cuenta que estas medidas no reemplazan a las medidas de prevención ya conocidas porque el objetivo es diferente. No son para evitar solo el contagio, son para evitar enfermarse. Son dos cosas distintas.

  1. Baje de peso
  2. Eleve sus niveles de vitamina D
  3. Mejore su índice de Omega 3/ omega 6
  4. Has ejercicios con frecuencia
  5. Duerma bien
  6. Mejore su flora intestinal
BAJE DE PESO

Las investigaciones sobre obesidad y covid-19 señalan que el sobrepeso empeora nuestras perspectivas de supervivencia.

El problema, más allá de la preocupación estética, es que el incremento de peso tiene repercusiones muy serias en la salud general. El sobrepeso empeora nuestras perspectivas de recuperación si nos contagiamos de SARS-CoV-2. La evidencia disponible indica que la obesidad es un factor de riesgo que aumenta la gravedad de la covid-19 y la probabilidad de fallecer por esta enfermedad.

¿Por qué sucede esto? De momento, no hay una única respuesta, sino varios mecanismos que podrían explicar la relación entre ambas patologías

  • La obesidad disminuye la función pulmonara través de una mayor resistencia en las vías respiratorias y una mayor dificultad para expandir los pulmones. Respirar cuesta más cuando hay exceso de peso y es mayor la presión sobre el diafragma.
  • La enzima ECA2, que el virus utiliza para entrar en las células humanas, es más abundante en las personas con obesidad.
  • La grasa acumulada de las personas con obesidad puede actuar como un reservorio viral para el SARS-CoV-2 antes de propagarse a otros órganos.
  • La obesidad también puede alterar las respuestas inmunes, debilitando nuestras defensas y aumentando la probabilidad de que se produzca una tormenta de citoquinas (esa respuesta descontrolada del sistema inmune que hace colapsar todo el organismo hasta provocar la muerte).
  • En la obesidad, los adipocitos causan inflamación sistémica, que empeora el pronóstico de los pacientes que contraen una infección por covid-19.

Muy a lo contrario a lo que mencionan algunos dietistas-nutricionistas aficionados en salud integral, que piensan que, para bajar de peso, se plantea hacer dieta de choque por lo que mencionan que podría debilitar al sistema inmunológico al disminuir también el consumo de vitaminas, minerales y concluyen erróneamente en que adelgazar no protegería frente al COVID-19.

La idea no es hacer dieta milagrosa ni de choque, señores dietistas. La idea es adquirir nuevos hábitos alimenticios saludables que te ayuden a bajar los quilos demás de manera progresiva y sostenida.

Bajar de peso de manera saludable, reduce el porcentaje de grasa corporal de manera sostenida y fortalece progresivamente nuestro sistema inmunológico por lo que sería una excelente herramienta para disminuir la morbimortalidad en COVID-19.

ELEVE SUS NIVELES DE VITAMINA D

Cada vez son más los estudios que asocian bajos niveles de vitamina D con mayor incidencia de morbimortalidad por COVID-19 y también su gran utilidad en altas dosis como alternativa para prevenir e incluso tratar la infección por COVID-19, reduciendo las posibilidades de hospitalización.

Varios investigadores señalan que al aumentar los niveles de vitamina D en la población general podría potencialmente prevenir las enfermedades crónicas que cobran cada año casi un millón de vidas alrededor del mundo y optimizar la función de nuestro sistema inmunológico. Condiciones fundamentales para reducir en la población la vulnerabilidad al COVID-19

Estos son los dos mecanismos básicos de la vitamina D, que lo hacen útil para combatir el COVID-19 según varios estudios.

  1. Acción antiinfecciosa e inmunomoduladora, que ejerce mejorando las barreras intercelulares por estímulo de la inmunidad innata, así también por modulación de la inmunidad adaptativa. También reduce la producción de citoquinas inflamatorias como IL-2 e interferón gamma (INF-γ).
  2. La inhibición del sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA) que se exacerba en la infección por COVID-19 debido a que el virus se une a la enzima ECA2, quedando disponible más angiotensina II para causar daño. La vitamina D reduce la actividad de ECA y aumenta la actividad de ECA2, lo cual tiene un efecto protector a nivel pulmonar, restaurando el equilibrio ECA/ECA2. Esta restauración del equilibrio mediada por la vitamina D ha resultado clave en la reducción de los eventos respiratorios en modelos experimentales. Los bajos niveles de vitamina D están asociados con un aumento de las infecciones respiratorias.

Una investigación en curso realizada por Grassroots Health ha establecido que el rango ideal de vitamina D para prevenir enfermedades es de entre 60 y 80 ng/ml. Muy superior a los 30 ng/ml recomendado como óptimo por la OMS.

Varios investigadores del tema ante tanta evidencia sugieren que es urgente llevar a cabo políticas de sanidad pública con el objetivo de aumentar los niveles de vitamina D de la población, y concluyen que los confinamientos en realidad han contribuido a niveles cada vez más bajos de vitamina D, poniendo en riesgo a las personas, ya que la principal fuente de vitamina D se obtiene a través de la piel en exposición a la luz solar.

Si se considera seriamente esta estrategia a nivel poblacional podría proporcionar una herramienta más en la defensa contra el virus y con nulos efectos adversos, como ya se ha demostrado en muchos estudios incluido en ensayos controlados con ingesta de vitamina D.

Ante la dificultad de una buena exposición a la luz solar diaria, Investigadores sugieren como una posible dosis para obtener rápidos incrementos en los niveles plasmáticos de vitamina D podría estar entre las 5.000 y/o 10.000 UI diariamente, según los niveles en sangre de vitamina D de cada persona

En conclusión y ante esta epidemia devastadora para la que aún carecemos de un tratamiento efectivo, la propuesta de muchos investigadores es explorar el efecto potencialmente protector de altas dosis diarias de vitamina D para aumentar rápidamente los niveles en sangre y tejidos de las personas, con el objetivo mejorar así el curso de la infección por COVID-19, sus complicaciones respiratorias e inclusive de otros órganos.

MEJORE SU INDICE DE OMEGA 3 / 6

Al igual que la vitamina D, es importante checar su índice de omega-3 / 6 al menos una vez al año, ya que tener niveles bajos de omega 3 acompañado con niveles altos de omega 6 podría causar muchos problemas de salud.

La evidencia medica sugiere lo siguiente.

  • Las grasas omega-3 EPA y DHA afectan las vías biológicas que podrían tener una influencia directa en el resultado de COVID-19
  • El EPA y el DHA tienen una influencia directa en la respuesta inmunológica a las infecciones virales y pueden modular tanto la respuesta como la función inmunológica
  • Las grasas omega-3 de origen animal, en especial el DHA, también ayudan a prevenir la trombosis al disminuir la agregación plaquetaria. La hipercoagulación es una complicación grave muy frecuente del COVID-19 con consecuencias letales
  • Las grasas omega-3 también reducen el riesgo de disfunción pulmonar, protegen contra el daño pulmonar y las infecciones bacterianas secundarias, además, de mejorar la función mitocondrial
  • La investigación demuestra que reducir los niveles de triglicéridos, también reduce el riesgo de desarrollar una tormenta de citoquinas. Se sabe que suplementarse con grasas omega-3 reduce los niveles de triglicéridos

Hay dos clases de Ácidos Grasos Poliinsaturados (PUFA): las grasas omega-3 y omega-6. Aunque funcionan de forma distinta y no son intercambiables, ambas están involucradas en un equilibrio metabólico y compiten las unas con las otras por la absorción en el cuerpo.

Nuestro cuerpo metaboliza los PUFA de omega-3 y omega-6 en eicosanoides, que son sustancias similares a las hormonas. Como regla general, los eicosanoides omega-3 son antiinflamatorios, mientras que los eicosanoides omega-6 tienen efectos proinflamatorios.

Lo ideal es que esta proporción sea de 1 a 1, pero debido a que las personas consumen bajas cantidades de omega-3 y altas cantidades de omega-6, la proporción entre estas grasas suele ser de 1 a 25. Cuando el consumo es tan disparejo, es muy difícil optimizar el índice de omega-3 / 6, incluso si toma un suplemento.

Evidencia convincente sugiere que los aceites vegetales procesados, ricos en ácidos grasos poliinsaturados omega-6, son el problema principal de nuestra dieta moderna y es lo que está contribuyendo con el desarrollo de casi todas las enfermedades crónicas. Siendo tal vez su impacto en la salud humana más dañino que el consumo de las bebidas azucaradas.

La clave radica en evitar TODOS los aceites vegetales a toda costa Otra fuente con alto contenido de grasas omega-6 es la carne de pollo. La carne de pollo tiene un alto contenido de ácido linoleico, omega-6, debido a que las aves de corral comen muchos granos ricos en omega-6.

El simple hecho de consumir pescado o tomar un suplemento no significa que su índice es omega-3 es el adecuado. Muchos peces no contienen niveles elevados de omega-3 (debe comer pescado graso de agua fría para obtener ese beneficio), y muchos suplementos de aceite de pescado son sintéticos con eficacia cuestionable. Por lo tanto, verificar y tener a certeza que el suplemento de omega 3 sea de alta calidad es vital para tener los resultados deseados

HAS EJERCICIOS CON FRECUENCIA

La actividad física es necesaria para la salud en general y en particular para mejorar el metabolismo, nuestro sistema inmunológico, la fortaleza musculo esquelética y nuestra capacidad cardiopulmonar.

Definitivamente hacer ejercicios con regularidad podría prevenir o por lo menos mitigar hacer cuadros severos de COVID-19, por las siguientes razones

  • Mejora los niveles de GLUTACIÓN. El glutatión es el antioxidante maestro de nuestro cuerpo, ayuda a que los demás antioxidantes sean más eficientes, como la vitamina C, E etc. Estudios demuestran la relación que existe entre la severidad del COVID-19 con la deficiencia de este potente antioxidante.
  • Aumenta la liberación de SUPERÓXIDO DISMUTASA extracelular, una enzima antioxidante que es producida endógenamente por nuestros músculos y que reduce el estrés oxidativo, protegiendo a nuestros tejidos y ayudando a prevenir enfermedades. Precisamente el estrés oxidativo en el tejido pulmonar está implicado en la patogénesis de varias enfermedades pulmonares, entre otras el COVID-19,
  • Mejora enormemente la CAPACIDAD CARDIORRESPIRATORIA, popularmente conocida como ‘resistencia’, ha mostrado ser un importante factor pronóstico de multitud de enfermedades como las cardiovasculares y podría proteger frente a algunos de los factores que están asociados con un mayor riesgo de hospitalización y mortalidad en pacientes con covid-19, como son el exceso de peso corporal, diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular y EPOC.

El entrenamiento aeróbico en combinación con el entrenamiento de fuerza son los que producen mejores beneficios.

DUERMA BIEN

El sueño es muy importante para la vida, por lo que dormir bien es vital para mantenernos sanos.

La privación del sueño y/o dormir mal, aumenta el riesgo de sufrir enfermedades crónicas, obesidad y muerte prematura.

El dormir bien está relacionado con la buena función inmunológica, ya que al alterar el sistema inmunológico afecta el sueño y el sueño cambia el sistema adaptivo inmunológico. Se piensa que el sueño refuerza el sistema inmunológico para defenderse contra algún patógeno, por eso es que se siente cansado cuando tiene una infección.

Además, el sueño se relaciona con un menor riesgo de infección y puede mejorar el resultado de las infecciones si está enfermo.

Tomando todo esto en consideración, de acuerdo con la Universidad de medicina de Chicago el sueño puede ayudar a su sistema inmunológico a prevenir y combatir el COVID-19.

“Dormir bien fortalece el sistema inmunológico, lo que reduce el riesgo de infección y puede mejorar los resultados en personas infectadas con un virus. Por otro lado, la falta de sueño debilita el sistema de defensa y hace que las personas sean más vulnerables a un virus”.

Muy a lo contrario, el sueño se ha convertido en una de las víctimas de la pandemia, tanto así que la Crisis de COVID-19 fue calificado por el presidente de Sleepwell Associates y profesor adjunto clínico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, como una “tormenta de problemas de sueño”.

La calidad del sueño afecta a todas las personas del mundo que enfrentan estrés y ansiedad, que van desde preocupaciones financieras hasta la soledad en medio del distanciamiento social. Para otras personas, las medidas de distanciamiento social pueden significar pasar más tiempo en el interior y tener menos exposición a los rayos del sol, otro factor importante en la calidad del sueño.

La intensidad de la luz es importante ya que sirve como el sincronizador principal de su reloj maestro, que está compuesto por un grupo de células en su cerebro llamadas núcleos supraquiasmáticos. Estos núcleos se sincronizan con el ciclo de luz-oscuridad de su entorno cuando ciertas longitudes de luz ingresan en sus ojos. En todo su cuerpo hay relojes biológicos, que a su vez se sincronizan con su reloj maestro.

Por lo tanto, si desea dormir bien, es necesario que su ritmo circadiano esté balanceado y el primer paso es asegurarse de obtener la dosis suficiente de exposición a la luz durante el día, algo que es difícil de hacer si no sale de su casa.

Por otro lado, la glándula pineal produce melatonina (la hormona del sueño) en una cantidad según el contraste de luz de los rayos del sol en el día y la oscuridad total por la noche. Si se encuentra todo el día en la oscuridad, su cuerpo no podrá apreciar la diferencia ni optimizará su producción de melatonina por las noches. Las personas que viven solas, sobre todo los adultos mayores, también pueden tener problemas con el distanciamiento social y la soledad que dificultan el sueño.

Los adultos necesitan un promedio de siete a nueve horas de sueño por noche, mientras que la mayoría logra conciliar el sueño por casi ocho horas.

Si experimenta problemas para alcanzar esta duración, o se despierta con frecuencia durante la noche, es momento de actuar para mejorar la calidad del sueño. Por lo que mejorar su reloj biológico es fundamental, tomando sol durante el día, evitar la iluminación artificial antes de acostarse, tomar clases de relajación si fuera el caso y si es necesario suplementarse con melatonina media hora antes de acostarse.

MEJORE SU FLORA INTESTINAL

Un dato muy importante pero poco difundido es que se determinó que aproximadamente el 60 % de los infectados por SARS-Cov-2 que hicieron la enfermedad presentaron inicialmente síntomas intestinales como diarrea, vómitos o dolor abdominal en los primeros días antes de detectarse síntomas respiratorios o incluso neumonía.

Cuando las personas infectadas presentan síntomas intestinales no se sospecha que se deba a la infección por el coronavirus. Por lo tanto, no son testadas a tiempo y curiosamente fueron los que desarrollaron mayores complicaciones en fases más avanzadas.

Si tomamos en cuenta que la puerta de entrada principal para la invasión del SARS-CoV-2 son los receptores de la enzima convertidora de la angiotensina 2 (ECA-2) que se expresan en los pulmones, pero también se encuentran en los intestinos. Esto explicaría porque este coronavirus produce un aumento de la inflamación que causa alteraciones en la flora intestinal. Estas pueden agravar la llamada tormenta de citoquinas o la hiperinflamación en los pacientes más severos.

La mayoría de las comorbilidades de la COVID-19 como la obesidad, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y la vejez se asocian con una disminución de la diversidad microbiana.

A menor diversidad, existe una mayor respuesta inflamatoria. Por lo tanto, esperaríamos un peor pronóstico de la COVID-19. Si podemos identificar qué bacterias orquestan el curso de la enfermedad, podríamos predecir la gravedad y el pronóstico de COVID-19.

Un par de estudios con un grupo muy reducido de pacientes hospitalizados, identificaron que el coronavirus alteraba los microbios intestinales de los pacientes en relación con la severidad de la COVID-19. Faltarían aún más estudios similares para identificar que bacterias intestinales guardan relación con marcadores inflamatorios y con la carga viral. Si podemos establecer qué bacterias se asocian con la sintomatología, podríamos interferir y modificar la abundancia de estas bacterias para protegernos de la gravedad de COVID-19.

Es posible modificar la flora intestinal cambiando la dieta, reduciendo las bacterias problemáticas con una buena hidroterapia de colon y usando prebióticos y probióticos específicos.

Bacterias de la familia Bifidobacterium o Lactobaccillus reducen la inflamación. Otras, como el Clostridium, pueden actuar como posibles patógenos y tendrían que ser eliminados.

Si promovemos un estado nutricional adecuado podemos mejorar la respuesta inmune en las primeras etapas de la infección.

Una vez que se determine qué bacterias están asociadas con la gravedad de la COVID-19, se podría diseñar tratamientos o dietas más específicas para modificarlas en cuestión de días. Ya que es posible reducir la respuesta inflamatoria modificando la flora intestinal para protegernos de las consecuencias más graves de COVID-19. Al aumentar la diversidad bacteriana

CONCLUSIONES FINALES

 

El confinamiento obligatorio, medida propuesto por la mayoría de los gobiernos respaldado por las autoridades sanitarias han tenido el objetivo primario de disminuir el número de contagiados en la población. Concluyendo que con esta medida también se iba a lograr disminuir los casos de COVID-19, es decir personas que probablemente hagan la enfermedad.

Pero, por otro lado, el confinamiento ha generado el aumento de trastornos de diferentes índoles en la población, como claramente se han demostrado en diferentes estudios; mayor incidencia de insomnio, aumento de peso, síndromes depresivos, disminución del índice de vitamina D, agregándole a esto el aumento de comida chatarra que son altas de por sí en omega 6 y falta de actividad física. Predisponiendo paradójicamente a que, si por ahí se infectan, tengan mayor riesgo de hacer la enfermedad y mayor probabilidad de hacer cuadros severos de COVID-19

Entonces se plantea la hipótesis que si una persona que ha estado confinado por mucho tiempo puede tener mayor probabilidad de hacer cuadros severos de COVID-19 comparado con aquel que no ha sido confinado. Esto aún no ha sido demostrado, pero hay suficiente fundamento para pensar que probablemente sea cierto.

La política de salud enfocado en evitar el contagio de manera masiva a nivel general también ha evitado que las personas que no tienen factores de riesgo, logren ser inmunes al virus al generar Inmunoglobulina G. (Ig G). Es decir, personas que ya no tienen el virus, por lo que no pueden contagiar y tampoco pueden ser contagiados. En otras palabras, personas que ya no necesitaran LA MUY MENCIONADA VACUNA SALVADORA.

Sin embargo, se dejó a un segundo plano con poco énfasis una política enfocado en disminuir el riesgo de hacer la enfermedad y por consiguiente de hacer cuadros severos de COVID.19, que al final es lo que realmente preocupa en materia de salud.

Proteger de manera directa a las personas con factores de riesgo y evitar el contagio en zonas pocas ventilados o muy congestionado de personas en donde podría haber mayor carga viral, era lo indicado. Pero lamentablemente no fueron los parámetros tomados.

Una cosa es infectarse en un ambiente bien ventilado en donde hay poca carga viral y por lo tanto poca probabilidad de hacer la enfermedad y otra cosa es infectarse en un ambiente cerrado y muy congestionado de personas, como un hospital, un supermercado en donde existe la probabilidad de una alta concentración viral y por consiguiente de hacer la enfermedad y si a la vez hay compromiso inmunológico, de hacer cuadros severos de COVID-19.

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